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Anexo 1: "Crisálida"

Volver a 3. Capullo y orgasmo

El ser crisálida es una facultad, un poder, que te permite el asociar un grado de sensualidad o placer a cualquier situación, por tediosa que sea: el convertirte en mariposa [el porqué utilizo la expresión mariposa lo entenderás cuando tengas muchos años y observes a las jóvenes].

Esta sensualidad genera la belleza de la propia aceptación y satisfacción que es lo que entendemos normalmente por "atractiva" [atractiva en el sentido, primero, de tener algo que yo necesito y, segundo, de estar (posiblemente) receptiva a mi necesidad].

Pero te será difícil comprender esta facultad si la tienes adormecida [prohibida] o no pudiste desarrollarla. Pero si te haces una imagen, digamos fálica, la cosa quizás sea más fácil.

Imagínate que el miembro masculino que está en la parte delantera del pubis, nos quedara situado a los hombres en medio de las piernas, colgando entre los muslos, más o menos donde está tu crisol. En ese lugar sería constantemente estimulado —al menos pasado a llevar— y no nos quedaría otra que aprender a caminar de manera que estos estímulos fueran gratos y no desagradables o a caminar con los muslos bien separados para que no hubiera estimulación del todo.

Sin duda, si esta nueva forma de caminar [y de cruzar las piernas, de movernos en general] nos fuera agradable, nuestro falo tendería a la erección, consiguiendo con ello, evidentemente, una superficie de contacto mayor y una mayor estimulación. Por otra parte, si esta estimulación grata resultara moralmente ingrata, no habría otro remedio que aumentar el grado de estimulación cosa de obtener un adormecimiento, un cierto nivel de insensibilidad, de anestesia, si es que esta anestesia no se produce a nivel psíquico.

Entonces esta especial forma de movernos sería sin duda muy "característica" y fácil de identificar, y haría del caminar, por ejemplo, una actividad agradable o, al menos, más agradable que si no hubiera nada que estimular… y alguien que está haciendo algo que le es agradable es de por sí más atractivo que el que lo hace sólo porque debe o también, alguien que se es agradable a sí mismo, contento de cómo es, es más atractivo que aquel que no.


Ahora, imagínate que ese falo no sólo cuelga entre los muslos sino que además ha sido reducido a su mínima expresión, al punto en que en él sólo hubiera cabida para los terminales nerviosos, los mismos que antes estaban distribuidos homogéneamente digamos, por decir algo, a razón de 50 por cm2 [y que en estado de erección se reducirían a 20 por cm2] y que ahora son los mismos ¡.pero a razón de 50 por mm2, lo que daría 95.000 por cm2.!

Un instrumento muy sensible, está claro, tanto que no sólo sería capaz "de sentir a distancia", sino que habría que mantener además en cierto grado protegido… como lo es realmente en ustedes.

El problema para algunas, eso sí, consiste en que de aceptar esta facultad de asociar situaciones con un cierto grado de auto()lación, implica también aceptar otras cosas que a su vez están prohibidas, como que la capacidad de placer de tu capullo es independiente de nuestro falo.


Y esto sugiere muchas otras cosas:

¿Has observado cuánto y cómo caminan las gitanas? ¿O algunas africanas? Tienen una capacidad y un modo verdaderamente extraordinario de hacerlo, elegante, por decir lo menos.

Sigue imaginando y piensa, ahora, que tú no sólo tienes ese instrumento de extrema sensibilidad sino que además llevas colgando, supongamos que del cuello, sobre el pecho, un péndulo [más o menos del tamaño de una naranja] que obviamente se desplazará bruscamente si tus movimientos son bruscos o que pesará demasiado —tarde o temprano— si tu postura es inadecuada, recayendo su carga sólo sobre la nuca y que la postura precisa para que ese péndulo se mueva de manera suave y agradable sea adoptando un centro de gravedad del cuerpo, que inevitablemente se traduciría en una postura que haría insoslayable la estimulación del instrumento fálico, tu capullo. Así tendrías que recurrir a múltiples artimañas para evitarlo, si deseas que esta estimulación no se produzca.

Muchas culturas africanas [y algunas tribus sudamericanas], con un ingenio verdaderamente sorprendente, cortan el asunto por lo sano. Y no te rías, así es precisamente.

Cuando una de sus muchachas llega a la pubertad, en una ceremonia de iniciación, exclusiva y secreta entre mujeres —llenas de cánticos obscenos y golosinas— con un objeto cortante —una piedra filuda antiguamente, o con una hoja de afeitar, hoy— simplemente le extirpan, sin ningún tipo de anestesia, el capullo a la muchacha que con ello, por supuesto, debe sentirse en extremo gozosa.

Estos son los más suaves y según un médico egipcio, en la revista Sexuality Today, del 6 de Junio de 1983, más de la mitad de las jóvenes de Egipto sufren de este doloroso procedimiento.

Otras culturas que les siguen en brutalidad no sólo cortan el capullo sino que además su capuchón, quedando las menos, que también extirpan los labios menores, raspándolos casi hasta el hueso, y cosiendo posteriormente los labios mayores, dejando con unas cánulas una pequeñas aberturas para la orina y la menstruación.

Obviamente a estas últimas, para su desvirgación tienen que abrirlas "quirúrgicamente" y algunos antropólogos son de la opinión que el sentido real de los cánticos es el de sofocar los alaridos de la muchacha en cuestión…

Esto es lo mal llamado "circuncisión femenina" y está claro que pasan varios días antes de que las que la han sufrido puedan volver a caminar, al igual que el nivel de infecciones causa, si no la muerte, todo tipo de secuelas y dolores para toda la vida.

Es una fórmula, ¿no? Y no es rara. Es mayor de lo que creemos el número de casos de niñas, sobre todo campesinas, que han sido quemadas "ahí" por sus madres —con agua hirviendo, brasas o cigarrillos— para que no se toquen más.

Y hay otros medios, menos bárbaros, pero igual de eficaces. Si a ese péndulo que imaginabas colgando sobre el pecho lo ponemos dentro de una bolsa firmemente atada a tu torso, de manera de impedir que se bambolee, digamos, dentro de un "sostén", no sólo vamos a conseguir el poder adoptar posturas que permitan no estimular el instrumento sensible, sino que además el poder recurrir a movimientos más bruscos, más "masculinos", tan atractivos a las mujeres… pero este "sostén" no sólo logra esto, además eleva y da firmeza al péndulo, perdón, a los péndulos —son dos— dándoles la principal característica de lo fálico: lo que pende que se eleva y endurece, haciéndose con ello algo digno de ser exhibido.

Ver "Anexo III: Lo Fálico".

Gracias entonces a que estos péndulos, tus mamas, ya no están suspendidas, sino que firmemente afirmadas, se podrá cambiar el arco de la espalda, de manera que el capullo —el instrumento sensible— se desplace, normalmente hacia adelante [junto al pubis, en una postura también fálica, masculina], reduciendo su capacidad de agrado y permitiéndonos ver la tan común imagen de las mujeres en esa tan peculiar forma de sobarse la espalda, muy similar a como lo hacen las muy embarazadas, porque esa nueva postura, anormal, aunque no molesta en principio, tarde o temprano se cobra a través de dolores lumbares o de alguna discopatía.

Claro que la gracia de estos péndulos no se limita a esta capacidad de ser embolsados y las gitanas lo saben bien—. Al estar libres, durante su crecimiento, las obliga a ustedes, paulatinamente, a adoptar una forma de moverse cuya primera característica es la "tenuidad" [lo tenue], el desplazarse sin impacto —en silencio— y casi sin aspavientos, factor de supervivencia: la feminidad y la felinidad.

Así tu facultad crisálida es no sólo una capacidad de integrar placer a cualquier cosa, sino que es una capacidad fundamental de movimiento "quieto y grácil", que como forma eficaz de supervivencia, y como característica que la especie quisiera reproducir, está intrínsecamente asociada a la belleza.

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