| Ultima modificación: Viernes, Enero 23, 2004 . | |||
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Con el fin de la guerra del Peloponeso, el año 404 antes de Cristo, comienza la decadencia del imperio griego. Pocos años antes comienza la masificación del uso del espejo. ¿será coincidencia?
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Hemos efectuado un recorrido largo y tortuoso por un mundo subterráneo que me ha tomó largo tiempo explorar, mucho más del que supuse en un principio, pero aunque en muchos momentos nos haya sido incómodo o chocante, gracias a él vislumbramos un principio de explicación para el Amor (y la guerra) de raíces fisiológicas e instintivas y podemos separarlo claramente de lo fálico [o sexo propiamente tal] aunque ambas funciones biológicas, en lo heterosexual, puedan relacionarse íntimamente, y así considerar en el principio animal de lo humano que la eyaculación masculina está básicamente en el terreno de lo sexual y, en cambio, el orgasmo femenino está básicamente en un ámbito amoroso, permitiéndonos entender diferencias que antes nos separaban y ubicar así todos los demás tipos de Amor en el campo de las proyecciones o sustituciones (el "pan" nuestro de cada día dánoslo hoy) como muchas otras derivaciones que parecen ser causa de una innumerable cantidad de problemas, confusiones e incertidumbres. De esta manera el Amor Matrimonial se asemeja en su estructura mucho al filial o paterno/maternal, en el sentido de alimento, cuidado, compañía y sobre todo, simpatía, con la diferencia básica de que el primero se vierte sobre sí mismo, con un sí mismo entendido como el ser conformado por un grupo de al menos dos personas [homogestalt], estructurado por la reflexión de cada uno en los otros y auto protegido en un entorno, de un modo u otro, siempre hostil. Aunque los labios rojos que dan origen a este texto no sean una manifestación [exhibición] del Surco Rojo esto hay que tenerlo en cuenta sino que una "sustitución", llevando el foco de atracción desde el pubis hacia la boca, sublimando el Amor en un ámbito mutuamente oral, dando otro matiz al beso en la boca, o que haya algo de ambas cosas, no cambia en modo alguno sustancialmente todo este asunto. No debes olvidar que este cúmulo de observaciones e interpretaciones son groseras, parten de una experiencia e investigación más bien personal, y sólo delinean en sus rasgos más generales, aproximándose a lo que pueden ser el Ritual y su tabú, que de hecho, así como puede manifestarse en forma diferente de cultura en cultura, puede ser diferente, también, de individuo en individuo. Son, eso sí, suficiente base como para que cualquiera de ustedes pueda, pensando por sí misma, concluir los diversos aspectos involucrados, con todas sus ramificaciones, conociendo la verdadera dimensión de estas estructuras y su real importancia en el propio comportamiento y en el comportamiento social. Por último no podemos soslayar que el Tabú sobre el Ritual del Surco Rojo o de la Luna (o de la Mujer, de la menstruación o del Amor) con todas sus vinculaciones a pesar de ser causa de enormes sufrimientos, sino de todos los sufrimientos actuales, ha sido de una enorme importancia para la supervivencia de la especie y en este sentido la Iglesia Católica Apostólica Romana tuvo un rol fundamental. La especie ha sustituido la "inmortalidad individual obtenida del Néktar" por la "inmortalidad celestial colectiva". Y no nos podemos olvidar tampoco de que tanto la función del Tabú como el orden del mundo tienen como única meta el lograr producir la obsesión por las estrellas [cielo] y conseguir la salida de este planeta en busca de otros nuevos [como en su tiempo lo fue la salida de Europa a América, reflejada en la necesidad, no por inconsciente menos genial, de Cristóbal Colón], y encontrar nuevos habitats que aseguren la eternidad a la especie y a la vida en general. Sea como sea el problema, no es necesario abundar con ejemplos la obsesión humana por el cielo paradisíaco, el Walhalla u otras alturas olímpicas. La especie por razones o instintivas o míticas mira constantemente hacia arriba, hacia las estrellas y ahora sabemos su porqué: cuando somos muchos el mundo se estropea o si pasa demasiado tiempo, también. Siempre pensé que el Tabú de la Menstruación en las tribus cazadoras obedecía a que quién iba a querer ir a cazar teniendo "sangre" propia en casa: el principio de la flojera. De esta misma manera, si el Ritual fuera restituido sin más, en breve plazo no sólo encontraríamos a la humanidad mirando obsesionada a la Luna, pensando en el próximo período de la pareja femenina, sino que además pacificada, sin la agresividad necesaria, sin la sed de conquista indispensable como para mantener en pie este orden establecido, absurdo y desquiciado que, fundamentándose en la guerra, ha logrado construir la tecnología adecuada para tocar las estrellas. El rescate de la mujer en estos términos es una cuestión difícil y complicada. No se puede liberar sin dejar un sustituto que fomente [sin invertir] la agresividad, y este sustituto ha de ser más intenso que lo que sustituye: podría ser el miedo consciente y total al fin de la especie que habita un mundo cerrado y frágil, fácilmente destructible y que ya está, posiblemente, fatalmente dañado, y que para su recuperación requiere también de que la mujer deje de ser una fuerza opaca y pasiva, como lo es, salvo honradas excepciones, en la mayoría del planeta, para convertirse en parte activa de la conquista de la eternidad. Terminando de leer esto probablemente tratarás de abrazarte a la "realidad" de todos los días y mirarás tu casa, el jardín o la ciudad por la ventana, reconociendo con agrado la verdad de siempre. Pero aunque este texto te haya sido desagradable o difícil de comprender, el agrado de las cosas cotidianas y ciertas no responden ninguna de las preguntas planteadas ni son solución ni para el dolor, la soledad y la angustia, la guerra o la violencia. Los seres humanos, individualmente, somos muy hábiles en poner nuestras propias responsabilidades en otros y así lo somos como especie. Sólo hay un único "ente" que conozcamos que tiene el don y la "responsabilidad" de la vida y de la muerte, del conocimiento del bien y del mal, de controlar las fuerzas naturales y de la propia eternidad: somos nosotros, todos en conjunto, los únicos responsables no sólo de nuestra casa o de nuestra vereda, sino que de todo lo que nos rodea, incluyendo el cielo y las estrellas y de llevar a ellos la vida. Pero alguien no quiere abrir los ojos: quizás Dios, en este lado del espejo, esté dormido
Desde mi huerto, con mucho amor,
Chicureo, 15 de abril de 1993. |
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