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Ultima modificación: Domingo, Julio 25, 2004 . 
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4.

ALGUIEN DIJO:

"NO MENTIRÁS".

''Matin'' de  Alain Daussin

DEBE HABERLO DICHO CALLADITO,
PARECE QUE NADIE LE ESCUCHÓ.

De todo esto se desprenden algunos elementos que pueden tener relación con situaciones de la vida actual.

IX. En primer lugar llama la atención el que te refieras a tu estado menstrual, al igual que la mayoría de las que hablan nuestro idioma, como a "estar enferma" o "estar indispuesta" —me enfermé, me voy a enfermar— ¿de qué?

A pesar de que sólo sea una convención llamarlo así, puede ser muy probable que verdaderamente muchas se sientan enfermas, y que posiblemente sea de la misma enfermedad que produce cualquier riesgo sostenido : angustia, miedo. Y esto puede ser por un problema de precauciones.

El factor más efectivo de que disponen las especies para su supervivencia es el miedo, emoción no aprendida, innata, que actúa antes de que uno se detenga a analizar si ese cocodrilo que amenaza es o no amistoso y, frente a ese cocodrilo, la precaución es la evasión; así hoy, en el pasado o en el futuro será lo mismo.

Con tu menstruación puede ser igual. Que irracionalmente la sientas como un riesgo [atávico], y la imposibilidad de cumplir con el Ritual, es decir el no adoptar las precauciones que espontáneamente adoptarías bajo circunstancias naturales —como el orgasmo para la expulsión acelerada del flujo y su lavado o ingestión [más la compañía que ello supone]—, puede ser causa de tanta angustia como un temblor en una casa que a uno le han dicho que es asísmica pero igual nadie sabe en que va a terminar.

No es cuestión, con la angustia, de que sepas que no va a pasar nada ni de que insistas que ese cocodrilo ahora es herbívoro, o de que esta variedad de arañas no es venenosa: la no adopción de precauciones es causa de angustia y su suma o acumulación se comporta como una enfermedad: estrés.

Pero, también puede ser que la primera intención de un declararte "enferma" sea la obtención de cuidados, que es precisamente lo que requiere tu parte animal durante el período y que no se consigue, definitivamente, con un "estar indispuesta", lo que equivale a un rechazo: no estás dispuesta, disponible, pero son expresiones que por costumbre, desgraciadamente, se han asimilado, transformándose en sinónimas.

Se explica en muchos casos, eso sí, esta "enfermedad" con múltiples malestares, dolores ováricos o lumbares, que pueden en ciertos casos llegar a ser verdaderamente intolerables, y habría que observar en qué grado todos estos problemas puedan tener su origen en un intento fisiológico irracional, causado por el miedo y la represión, para impedir la menstruación o al menos retardarla1.

1. Como los dolores menstruales se deben mayoritariamente a una acumulación de hormonas en los ovarios cuando, precisamente, la menstruación se produce por una reducción violenta en el nivel de ciertas de ellas, encontramos que se produce una "contradicción" endocrina que nos hace pensar en el factor psicosomático.

El sinnúmero de mujeres que recurren al regalonearse hasta la descongestión [orgasmo] al principio de sus períodos, y que reducen notablemente con ello las molestias psíquicas y físicas que éste les podría acarrear, nos demuestran la factibilidad de esta alternativa.

El caso es que la mayoría de ustedes cuando se autodeclaran "enfermas" o "indispuestas" no lo están de nada en concreto, invalidando el término enfermedad para describir su estado. Este podría ser infinitamente mejor definido por algún otro nombre.

Todo esto por un lado.

Por otro encontramos que estas posibles precauciones a adoptar en un medio espontáneo o natural son consideradas en el medio actual como profundamente inmorales, reñidas absolutamente con la decencia e imperdonablemente pecaminosas: desde la auto()lación en adelante. Así, para un gran número de ustedes, si no todas, la pura sensación, consciente o no, de contener ocultos estos impulsos, ha de ser la mejor causa de angustia y autorechazo, generándote en consecuencia angustia por partida doble y sin tener ningún medio como para entender que estos impulsos corresponden a meros programas instintivos de supervivencia, imposibles de evitar o soslayar sin un profundo sacrificio del yo y de la integridad psicológica.

—No le pongas tanto, pu's Kiko —me dijo una amiga leyendo esta parte en etapa de borrador, pero en realidad ella estaba olvidando dos cuestiones:

  • La primera es la constante censura que cualquiera debe interponer frente a constantes impulsos que deben ser reprimidos —como tomar la mano de la persona que va sentada al lado y que aunque desconocida nos parece atractiva, o como pegarle al espectador sentado en la butaca de atrás y que nos mueve el respaldo constantemente con el pie… y para qué hablar del tipo que siempre nos aprieta en el pasillo del metro— hasta que llega el punto en que de tanto aplicar esta censura nos acostumbramos a ella, llegando a olvidar incluso el impulso que normalmente la motiva: el miedo.
  • Esto genera la segunda cuestión importante: la inmensa cantidad de ustedes, trabajadoras, madres, hijas, esposas, "entregadas a su suerte", resignadas, plenamente olvidadas de sí, es decir, con sus "yo" sacrificados después de una vida de censura no sólo de sus impulsos más vitales si no que también de sus gritos de rebelión.

—Pero —podrías decirme—, ¿de qué impulsos estás hablando? Yo no siento nada al respecto...

Y es lógico que lo pienses así. Los impulsos pocas veces tienen relación directa con los resultados. Por ejemplo, yo puedo dar un empujoncito a un auto y este empujoncito —el impulso— no tiene nada que ver con el que se vaya cuesta abajo, atropelle a siete y termine incrustado en una muralla. De la misma manera, una molestia en los ovarios impulsa a llevarse las manos al vientre, o a acurrucarse en otra persona y suma y sigue: son impulsos frente a los cuales uno puede tener más o menos claras las posibles trayectorias y medir si el dejarse impulsar es "conveniente" o no.

X. Y como si esto fuera poco y como veremos más adelante, es probable que la compañía que estas precauciones menstruales te harían desear, sea independiente de su género sexual, lo que haría parecer actualmente esos impulsos, muchas veces y erróneamente, como homosexuales.

—Pero observemos este asunto de la homosexualidad porque ha llegado a ser uno demasiado manoseado.

Por un lado, si uno toma el término "homosexual" en el sentido de "homosapiens", "homoerectus", "homofaber", lo entendería en el sentido de "hombre sexual" y nunca en el sentido de "homofilio" o de individuo masculino que tiende a involucrarse sensual o emocionalmente con personas de su mismo género. Por otro lado sorprende la diferencia nominal que se hace entre estos "hombres sexuales" y las "lesbianas". ¿Por qué no se habla de todos ellos como de "isosexuales" u otros términos más precisos en vez de estas nominaciones tan ambiguas? Sin duda porque no son sustancialmente lo mismo.

2. Como no existe el pronombre para la tercera persona del masculino plural exclusivo en castellano, he elegido el término "nos(hombres)" para reemplazar el "nosotros los hombres". La reducción correcta habría sido "nombres", pero presenta dificultades obvias. Esto será de interés luego.

Entre mujeres, a diferencia de entre nos(hombres)2 se da naturalmente una afinidad emocional y física que les viene desde el pecho materno y que las impulsa a involucrarse entre ustedes en una relación en la que lo único que verdaderamente tiene importancia es el "comunicarse", intercambiar ternura [el primer gran deseo en tu vida, y probablemente el único en ese momento, al igual que con todos los individuos de la especie, es recibir un pecho de mujer en la boca y "jugar" succionando su pezón mientras se está protegido en su regazo].

De la misma manera que con los hijos lo que importa es el sentir realmente afecto y expresarlo, y no la forma externa de sus manifestaciones físicas [qué están determinadas y reguladas por la educación y que pueden ir desde el beso "impersonal" en la mejilla a los contactos físicos intensos (Bali) o a los besos en la boca, normales en los países anglosajones y estrictamente prohibidos en Japón incluso entre enamorados], lo que importa en la relación entre mujeres es la ternura que no es ni controlable, ni prohibible, ni disimulable, y no sus manifestaciones externas, reprimibles y determinadas por la educación —al igual que nuestras formas de copular.

3. Semipololeos o seminoviazgos. Es curiosa esta expresión sudamericana que hace referencia a la actividad del pololo, insecto inofensivo pero molesto. Como éste se pega al cuerpo y sólo sale cuando uno lo retira con los dedos, para volver muy luego a pegarse nuevamente, se utiliza el verbo pololear para definir aquella actividad exclusiva a los que mantienen una relación amorosa sin compromiso de matrimonio o más bien, a la actividad erótica sin cópula. Es buena esta palabra y no tiene sinónimos, es única.

Girlfriends de Hans Fr. DanielY esta afinidad femenina, obvia en esos "semipololeos3" entre amigas de la pubertad, es suspendida primero porque la sociedad no le otorga espacio, y por sociedad entiéndase también la familia, como también porque carece, excepto en los casos de verdadero lesbianismo [isosexualidad], del impulso sexual fálico —instintivo— que sólo pueden sentir con un hombre… [¿?]

*Llama la atención que en la encuesta francesa frente a la pregunta "Si no tiene relaciones sexuales con una mujer, ¿le gustaría tenerlas?", sólo el 50% de las encuestadas contestó con un "no" definitivo. ¿Cuántas de ellas contestarían con un "no" cultural a priori?
Segundo, porque su dirección es inmediatamente desviada hacia el pololeo heterosexual "castrado", en el que el muchacho tiene que simular que no tiene impulsos fálicos y remedando así lo que sería una relación muy afectuosa entre muchachas*.

Y, tercero, porque los impulsos y necesidades que genera esta afinidad, al no poder canalizarse e instaurar relaciones, se concentra y fija, en la mayoría de los casos, en la relación madre/hija, adquiriendo a la larga, con el matrimonio, una estructura de triangularidad que permite construir el fenómeno "suegra" : la madre de uno de los dos como una segunda mujer en casa.

El asunto es que la cultura obliga: tú no puedes decir que los hombres no te gustan porque no te has enamorado verdaderamente de ninguno; la respuesta social es que ya vas a encontrarlo, que no desesperes aunque ya hace años que te haya dejado el tren: la cultura supone que aunque no te guste ninguno, "naturalmente" te gustamos los hombres; pero con respecto a las otras mujeres la cosa es a la inversa, no porque hayas encontrado a la amiga de tu vida [o no la hayas encontrado] vas a poder decir nunca que te sientes atraída por alguna, o que la quieres entrañablemente o que hubieras deseado compartir con ella, no tu sexo sino que tu vida.

Es triste observar como la libertad de expresión de afinidad, tantas veces espontánea con los animales, se inhibe completamente en la relación entre ustedes [y entre nos(hombres)].

Con un caballo, un perro o cualquier otro animal que te guste harto, te involucrarás en una relación de expresión física de afecto que puede llegar a tanto como a montar con placer el caballo o a recibir con placer los continuos "lamidasos" [lamidas] que te dará el perro, situaciones que aunque sabes que muchas personas las aprovechan con fines eróticos, en tu caso no te inhibirán en nada y no encontrarás morbosidad en ellas.

Por el contrario, frente a una amiga que te guste en el mismo sentido animal en que te gustó el perro o el caballo [o el conejo de piel suave que te llevaras a la cara], a pesar de todo el afecto que podrías sentir por ella, interpondrás todos los elementos morbosos recibidos de la cultura, reprimiendo totalmente tu necesidad espontanea de intercambiar cariños físicos: podrás montar en un caballo desnudo [en pelo] o ser lamida por un perro, pero con una amiga jamás. Absurdo, ¿no?… es la morbosidad.

De todas maneras es interesante que observes que en la actividad "amorosa" [erótica] con otra mujer, harías con tu cuerpo lo mismo, si no menos [falta la penetración], que lo que harías con un amante masculino y muy similar, en la forma, a la relación madre/hija primitiva: desde lamerse para asearse, dar el pecho, hasta darse la papilla oralmente —el origen del beso en la boca, sin duda.

En cambio, en la actividad genital entre hombres hay un cierto trastoque del cuerpo y de la psiquis. El cuerpo, antes "penetrante", se hace penetrable en una especie de simulación, sustituyendo una función característica del cuerpo femenino. Entre mujeres no hay ni sustitución ni simulación de la penetración [aunque los falicistas hagan constantemente pornografía fantaseando sobre lo contrario], no hay una expropiación de rol, sino más bien un rol que te es propio no realizado [principio de "castidad"], al contrario de la simulación, sustitución y expropiación del rol de la penetrabilidad, uno de alguna manera impropio, ajeno y extraño al ser asumido por hombres y que les permite constituirse en un "género" de alguna manera específico y excluyente: los "hombres frontera" como alternativa a los "hombres de centro", los maritales.

Pero el hombre frontera —el "homosexual"— desde un punto de vista etológico, tendría en situaciones primitivas un profundo sentido que explicaría también su "extraño" comportamiento actual:

a.En primer lugar, como no podemos imaginar a la especie descuidando su primer principio, el cuidado de la prole, nos parece coherente el que el "matrimonio natural" implique la presencia de dos madres, asegurando así la presencia de al menos una nodriza, un padre y los hijos de los tres, quedando así una población de hombres solos obligados a constituir "familia" entre sí.

Un orden humano básico, esencialmente eficiente, en el que posiblemente dos amigas adolescentes eligen al muchacho que más les simpatiza [o son elegidas], constituyendo un núcleo rodeado y defendido por los otros hombres sin compromiso marital [es bastante usual el que jóvenes amigas se enamoren del mismo muchacho y no tanto lo contrario].

b.Suponiendo una población masculina un poco menor que la femenina, obtendríamos que casi la totalidad de ustedes estarían maritalmente comprometidas con un poco más de la mitad de los varones, quedando el resto de ellos en soltería y posiblemente los vamos a encontrar —como a los leones con un comportamiento de llanura que podría ser similar al nuestro— en la tarea de cuidar los límites: los machos de frontera, solidarios entre ellos y emocionalmente involucrados, y:

c.Esta actividad de frontera, intensamente relacionada a la marca de territorio [mojones], y a las tretas de supervivencia que veremos más adelante —danza, teatro, música y juego—, nos permite pensar en su consecuente tendencia al Arte y a las agrupaciones colectivas masculinas.

Todo esto quizás nos explique el porqué a los hombres nos está prohibido, incluso por ley, el vestirnos con ropa de mujer —el tabú/trasvesti— y en cambio tú tienes toda libertad para usar ropa de hombre. ¿Será porque en el primer caso habría un fraude? Los hombres no sangramos a no ser que seamos heridos.

El problema es que normalmente se entiende la sexualidad como un solo todo, y así lo es, en primera instancia, en nos(hombres) que requerimos de penetrarlas con nuestros miembros para obtener satisfacción y cumplir nuestro rol reproductivo(*). La descarga libidinal estaría dirigida en un solo sentido —vector con un grado de libertad.

Pero nada es tan fácil. Tú, como todas las mujeres, pareces tener tu descarga libidinal dirigible en tres direcciones. Con carga o descarga libidinal me refiero a estructuras biológicas destinadas básicamente a la preservación de la especie y cuya "descongestión" [ojo] o uso se entienden como de intenso placer.

Tendríamos así que tu sexualidad, propiamente tal, reproductiva, te lleva a ser "fálica", es decir pene-trable al pene-trante masculino y dependes, para su consumación de la presencia específica de un macho humano. Tu descarga libidinal [desahogo] puede ser tanto intensa, orgásmica, como paulatina, no orgásmica, con la misma resolución fisiológica [descongestión] final.

Nota que desde este punto de vista todos tenemos un "pene" y somos fálicos. Tú tienes tu pene(trable) complementario a nuestro pene(trante), un falo virtual junto a uno potencial, que nos impulsa a todos a una cultura fálica [supuestamente machista] y que nos muestra a la famosa "envidia del pene" como una en la que se le atribuye a esa supuesta carencia [del pene] la imposibilidad, impuesta por la cultura, de relacionarte íntimamente con otra mujer.

En seguida se distingue una estructura clitorideo/menstrual independiente de la anterior [autónoma] cuya descarga mono o multiorgásmica no está necesariamente sujeta a otros participantes y, si los hay, a su genero sexual u otras características.

Queda la estructura "mamal", para la lactancia, la que analizaremos un poco más.

De la misma manera que los seres humanos nos hemos autoconsiderado como animales naturalmente agresivos, peligrosos y crueles, sin tomar en cuenta, sino hasta ahora último, que nuestro primer y más importante impulso animal es el de la "simpatía", es decir el de la comprensión y el de agrupamiento, hemos pretendido que la "líbido", como energía del placer, es espontáneamente una fuerza dirigida hacia sí misma, egoísta, de fines inmediatamente propios, sin observar tampoco nuestra imperiosa necesidad de acompañarnos por otros seres, de satisfacerlos o ayudarlos y, en casos extremos, de darnos a la especie, inmolarnos, en un altruismo instintivo que no por común a otras especies deja de ser una característica importante de la nuestra.

En este sentido nos hemos dejado llevar por una omisión para caer en una falacia, al no tomar en consideración las cuestiones humanas de origen animal más evidentes.

Por ejemplo, observamos que ustedes, normalmente, tienen sus pechos más capacitados para sentir placer frente al mismo estímulo grato que el resto de su cuerpo —con la sola excepción de sus genitales— siendo especialmente sensibles el pezón y la areola. Sabemos también que la estimulación placentera de ellos genera reacciones fisiológicas paralelas en sus genitales y viceversa, demostrando que están biunívocamente relacionados. También sabemos que un número importante de mujeres puede alcanzar el orgasmo mediante la auto()lación exclusiva de esta zona, las mamas.Foto www.amamantar.org

Pero a pesar de estos antecedentes y sabiendo que la función atávica de la mama es precisamente ésta, amamantar, función sin la cual la especie jamás habría sido la misma, insistimos en pensar que la sensibilidad de esta zona está reservada a la comunicación erótica de la pareja y no en que es un aliciente natural a que la hembra amamante —sabemos que la succión regular del pecho incluso de una mujer no lactante lleva a la producción de leche— y que el hacerlo sea también un acto físicamente placentero para ella.

Ir a  www.amamantar.orgSe nos ha planteado siempre que el mayor aliciente para amamantar es la congestión lechosa del pecho, lo que sin duda es así. Pero si éste fuera el único, encontraríamos que las hembras primitivas o incultas tenderían a hacerlo hasta que la congestión cesara y no hasta que el pecho se hubiera vaciado o el bebé saciado. Sabemos que la cantidad de leche a producir depende básicamente de la demanda y que la succión del pecho vaciado generará una mayor producción, de la misma manera que el no agotarlo redundará en una producción menor.

Así, el placer propio de la nodriza [madre] es importante en una situación primitiva o natural para un proceso global de la lactancia.

También sabemos que con un alto grado de estimulación placentera [excitación], el pecho de la nodriza tiende a la vasocongestión produciendo ya sea emisiones de leche involuntarias o, al menos, facilitando en un alto grado la succión. Este fenómeno nos lleva a pensar que el bebé tardaría muy poco en relacionar ambas cosas y, en consecuencia, a aprender como estimular adecuadamente el pezón y a cómo evitar las cosas que dificultarían su lactancia o lo obligarían a un mayor esfuerzo. Es decir, en un período relativamente breve de tiempo el bebé estaría involucrado en una relación de mutua satisfacción con la nodriza, situación que actualmente, por múltiples restricciones de orden moral, se encuentra mayoritariamente imposibilitada.

Ir a www.amamantar.org

No olvidemos que este orden de restricciones llevó a la especie de occidente, a fines de la primera mitad de este siglo, en forma totalmente arbitraria y sin ningún fundamento ni estadístico ni experimental, a decidir que era preferible sustituir la leche humana para la alimentación de los recién nacidos por compuestos o derivados artificiales [el que las pechugas (senos) no se caían si no se amamantaba era otro argumento], hasta que la evidencia del beneficio de lo contrario fue apabullante.

La nodriza [madre] tiene que enfrentar actualmente la lactancia con múltiples sensaciones de rechazo y obligarse a un cierto grado de anestesia que puede, incluso, concluir con la suspensión de la producción de leche. Por el contrario, si esta anestesia no es plenamente efectiva y las sensaciones producto de la succión son físicamente placenteras e intensas, como lo han descrito muchas mujeres, entonces los conflictos éticos o morales serán a su vez intensos, proyectándose inevitablemente en la relación entre la lactante4 [la nodriza] y el o la lactado.

4. Nota que el lenguaje español presenta aquí una irregularidad notable. Mientras que en otras formas verbales el gerundio corresponde al que efectúa la acción, el cantante por ejemplo, aquí se reserva al que recibe la acción, el cantado en el ejemplo, que debería corresponder al lactado y no al lactante.

Sin duda para la nodriza estas complicaciones serán mayores —al introducirse un supuesto componente homosexual— si las sensaciones placenteras las produce un bebé de sexo femenino en vez de masculino, pero en ambos casos vamos a encontrar que la predisposición oral infantil a causar placer, de carácter probablemente instintiva y aunque en última instancia sea en beneficio propio, se va a ver truncada y obligada a retornar sobre sí misma [o sobre el dedo, lo que es igual] desahogando su líbido en un sentido autoerótico con todas las consecuencias que esto puede producir.

Es bastante obvio el hecho de que si el niño acepta el chupete artificial en reemplazo de su propio dedo, lo hace porque el placer de la succión está dirigido a un objeto extraño a sí: un objeto como el pecho en cuestión, que debería haber seguido siendo succionado en una relación de placer recíproco, hasta que llegara el sueño, aunque ya hubiera terminado la "merienda".

Suponer, dado este contexto, que la sensibilidad erógena de tu pecho tiene un fin amoroso de pareja excluyente al de un rol global de supervivencia, nos parece absurdo y etológicamente incongruente.

Pero en sí, esta suposición es una de las que tendrá gran impacto en la suma de descubrimientos sobre la incapacidad de tu cuerpo para cumplir las expectativas que sobre él tenía tu moral monógama o cristiana, obligándote incluso a recurrir —entre otros medios— a artimañas como el "sostén" que te permitirán soslayar el hecho atroz de tu extrema sensibilidad y sensualidad frente a múltiples cosas estimulantes —como un sweater de cashmere o angora, un bebé, una blusa de satén o seda— y no sólo, como debería ser, frente a los cariños de tu pareja.

Cierre de sección

Estas tres estructuras observables en ti, sexual o "fálica" [pene-trable], clitorideo/menstrual y mamal, son entonces tan independientes entre sí como pueden ser de interactivas —y cada uno con su efecto constituyente en tu evolución psicológica— correspondiendo, respectivamente, a sistemas para la supervivencia social, a tu propia supervivencia y a la supervivencia individual de otros: nosotros, tú, yo...Ir arriba

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