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Ultima modificación: Domingo, Junio 15, 2003 . 
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En los inicios de nuestra memoria cultural, la discusión sobre cuál de los dos sexos era más ardiente en el Amor, sostenida entre Zeus y Afrodita, fue zanjada por un semidiós —a solicitud de Zeus— que había sido convertido en mujer, alguna vez, y vuelto hombre después.

Este afirmó que sin ninguna duda "las mujeres son nueve veces más sensuales que los hombres", declaración que llevo a Zeus, enfurecido, a matarlo.

Cosas que pasan, ¿no?

Pero nadie duda que el semidiós tiene algo de razón. Ustedes son, en el Eros, más apasionadas y ardientes que el normal de los hombres.

Entonces, ¿qué sucede?

¿Será acaso la influencia de los hielos árticos? ¿o del cristianismo? ¿del aire gélido cordillerano que ha adormecido hasta a las indígenas?

Nada de eso, obviamente.

Pero las mujeres hoy, como si quisieran dar la razón al gran dios griego, ya no son esos seres apasionados, locos, atolondrados que en el abrazo reían a carcajadas.

Hoy, la mujer, ese ser genérico entre 0 y 80 años, parece castrada, circuncidada, no en el sentido fálico, sino en el de carecer de sensualidad, de fuerza, de vitalidad —demasiado domesticada, como esos hermosos animales de zoológico que en el cautiverio no pueden reproducirse.

Y así es como muchas veces se ven.

A la derecha, Araceli González modelando, abajo, desfile de Stefanelli

 

48. Nos dicen que se visten y "arreglan" (decoran) para sernos más atractivas —a los hombres— soslayando el hecho de que aquellas que sí se visten de manera de atraer ciertamente a los hombres, ustedes mismas las llaman "putas" o que se visten como tales, o que al menos lo parecen… ¿no es raro?

¿Ante quién quieren aparecer más atractivas, entonces? ¿A las demás mujeres? Quizás algunas… y en parte. Más bien quieren aparecer atractivas a su propia imagen… la del espejo.

49. Y aquí ya no podemos soslayar lo femenino y masculino.

En general no sólo a las liberacionistas les molesta esta distinción sino que también a una gran mayoría de ustedes. Y es lógico que sea así si entendemos que esta distinción las hace aparecer y sentir disminuidas, o más bien, que el no hacer esta distinción disimula esa disminución.

Son muchos aquellos de nos(hombres), que piensan que una Margaret Thatcher, Madonna, Indira Gandhi, la Cicciolina, o cualquier otra, no son más que mujeres excepción que sólo confirman la regla de la inferioridad femenina, sin pensar que las excepciones lo único que hacen es demostrar que esa regla a la cual pertenecen no es tal, no existe: la primera ley de una regla, sea cual sea, es la de no admitir excepciones.

Está claro que Thatcher o Gandhi puedan parecer serias, lo que más de alguien entenderá como un rasgo masculino, pero Madonna o la Cicciolina, que sin duda también son serias, se ven bastante femeninas. Las cuatro son, a todas luces, "Hembras".

Y ésta es una palabra curiosa: "Hem|bra". "Hem" es la raíz actualmente de otro sinnúmero de palabras y significa "sangre". Aunque esta raíz proviene primero del griego ""haim" en griego" y después del latín "hoem", y en cambio, hembra viene sólo de la latina "femina", los romanos de entonces ya la pronunciaban "hemina" integrando en el uso ambas raíces y dejándonos más o menos en claro que lo femenino, lo que proviene de la hembra, es algún tipo de atributo que proviene del cuerpo de ella o que al menos se le relaciona, como la sangre… femenina, por ejemplo.

Y así como hablábamos de esa esposa que buscaba en su marido una "respuesta femenina", una respuesta de mujer en vez de una masculina, es como lo masculino y femenino nos aparecen como opuestos, de signo o polaridad contraria, casi como si la unión de ambos los anulara, los redujera a cero, al neutro, y eso porque hacen referencia a los ámbitos que diferencian y a las características que distinguen al "comportamiento" de un sexo del otro, y que muchos quieren negar que existen: las diferencias corporales determinan los géneros y las de comportamiento lo masculino y lo femenino [desde el vientre materno las niñitas hacen pipí de manera distinta a los niñitos, caca también, sienten diferente en el vientre y se mueven diferente].

 

 

*De hecho, las características sexuales secundarias no son muy precisas: hay mujeres con bastante vello facial y hay hombres completamente lampiños; hay mujeres con menos pecho que algunos hombres que los tienen bastante desarrollados y es así como también algunas de ustedes tienen la voz bastante ronca, mientras nosotros tenemos algunos tenores notables, etc. y etc.

En varias ciencias se habla de las características sexuales primarias —genitales—, características sexuales secundarias* —apariencia sexual, diversas pilosidades, tono de voz, grasa corporal, etc.— y de las terciarias —movimiento, ritmo, comportamiento acorde a los sexos, lo masculino y femenino, y que los hace distinguibles.

O sea, que en primer término lo femenino aparece como una actitud de un ser humano (hembra) que es diferente a la actitud del hombre y en segundo lugar, es un accionar (comportamiento) que a su vez es exclusivo de su género… con algunas excepciones.

En tercer término, lo femenino es un atributo, un adjetivo: una blusa femenina es una blusa que sólo debe ser llevada por mujeres a su vez femeninas. Hay muchas de ustedes, en algún grado "masculinizadas", que no pueden llevar prendas "demasiado" femeninas —las hacen sentir amuñecadas.

Como siempre todos tratamos de encontrar respuestas en lo intangible a problemas tangibles, tendemos a suponer que lo femenino es algo inherente al "alma" de las mujeres (nota que en esta proposición no habríamos podido usar el termino "hembra" —el alma de las hembras— pareciera ser que las hembras no tuvieran alma, ojo con esto), pero este atributo está claro que no hace referencia al comportamiento o a la esencia del alma —excepto en aquellas de ustedes en que la femineidad ha quedado enterrada totalmente tras la cultura—, sino a esa unidad indivisible que es cuerpo —vivencia exterior— y psiquis —vivencia interior—, unidad actualmente escindida por el espejo y la negación a la conciencia de la propia animalidad.

 

*Con cuerpo siempre nos referimos a la totalidad del "ser", tanto físico como espiritual, fenómeno a su vez físico.

Entonces, de la misma manera que esa blusa femenina es una que va bien a un cuerpo* de mujer (no sólo a su alma), una "respuesta femenina" es una que proviene de un cuerpo que se "comporta como uno de mujer", que tiene sus características sexuales terciarias.

Por favor, observa la siguiente fotografía (es un desnudo masculino) y medita un poco sobre lo que "significa".

*Con centro de gravedad no me refiero al físico de masa sino que al psíquico de atención.

Es posible que la actitud femenina de este señor, exuberante y llamativa, te parezca violentamente contradictoria con la "tenuidad" de la que hablamos con respecto a la facultad Crisálida. Pero al decir que ésta era una facultad que te permite convertirte en "mariposa", estábamos haciendo precisamente referencia a esto mismo. Es muy usual que a este tipo de homosexuales o trasvestis… (en este caso no es muy exacto el término porque este joven no tiene nada de vesti… ), el vulgo los denomine "mariposones", precisamente porque se comportan en forma exageradamente femenina, y en la que el centro de gravedad del cuerpo* se traslada al "poto" (de atrás), como sustituto del capullo.

(Diccionario de Lingüística, Ed. Labor, dirigido por Georges Mounin).

Así vemos que lo femenino y masculino son tanto comportamientos como cosas —atributos que se relacionan a ese comportamiento— y que dada su forma producen una reacción formal precisa y exclusiva el uno en el otro, fundamentando la concatenación de eslabones que dan sentido a un ritual: yo sólo entenderé que eres mujer si te comportas como tal y tú sólo entenderás que soy hombre si me comporto como tal, aunque los dos andemos vestidos de "hombre actual".

Esto queda bastante más claro si observas el comportamiento erótico de algunos animales. Los más exagerados, un tipo de cabras de monte, cuando se enfrentan durante el período de celo, no saben, simplemente, cuál es cuál, así que luchan a cabezazos y el que pierde… es la hembra; da lo mismo si los que se enfrentaron son dos machos, o dos hembras o si le gana al macho la hembra de verdad; ésta monta al macho y… no pasa nada, pero esto ellas no lo saben.

Son comportamientos.

Entonces, cuando hablamos de que una mujer requiere de otra mujer nos referimos a que le es indispensable no tanto un cuerpo de sexo femenino sino que de un ser con comportamiento femenino.

Si observas bien la foto de este muchacho en cuestión te darás cuenta de que todo el efecto femenino se perdería si él tuviera la barba crecida y, si lo piensas, te darás cuenta de que el "afeitarse" —que equivale a ponerse afeites, el término correcto es rasurarse— es un acto tan femineizante como masculinizante sería el que ustedes todos los días se pusieran o dibujaran barba o bigote (piensa que cuando tú te depilas las piernas, las axilas, o cualquier otra parte, no estás haciendo sino acentuar una característica femenina: la falta de vello en el cuerpo; cuando nos(hombres) nos rasuramos, estamos eliminando una característica masculina, más o menos como cuando tú te pones sostén).

Y aunque el comportamiento femenino es aquel que corresponde al comportamiento de un cuerpo de mujer —en el fondo, al pleno uso de sus funcionalidades— es en un buen grado independiente de ese cuerpo que de hecho puede estar mutilado (haber perdido uno o ambos senos; haber sufrido una histerectomía o carecer de algún miembro, lo que en ningún caso reduce la femineidad), o puede ser de niño, hombre u homofilio.

Si hacemos un análisis entonces, del cómo puede darse un comportamiento femenino en un hombre frente a una mujer, nos vamos a encontrar con que la primera forma de hacerlo es mediante una reducción, real o aparente, de la intensidad del comportamiento masculino —como el muchacho que participa en un pololeo castrado o el marido que es sólo "amigo" de su mujer, o el hombre que se "afeita" o perfuma en exceso (no olvides que es a la mujer a la que sus aromas le son instintivamente peligrosos y que el disimularlos puede ser un FDS)— y lo que no significa, en lo absoluto, que ese hombre reduzca su masculinidad "interna": son precisamente los comportamientos los que pueden ser modificados en su apariencia sin modificar su substancia: el arte del teatro, de la actuación, FDS imprescindible e imprevisible.

La crisis se producirá, inevitablemente, al llegar la pareja heterosexual a una total confusión de roles, y en los que los comportamientos masculinos se superponen en ambos, produciéndose confusiones rituales e incomprensiones sistemáticas (iguales a las de las dueñas de casa con su mucama, cuando comparten la cocina). Es en este ámbito donde las vamos a encontrar, a pesar de adorar a sus hombres, cometiendo adulterio —en la realidad o en la fantasía—, esas típicas mujeres que, especialmente cuando están acompañadas por su cónyuge o pololo, no podrán evitar el buscar en los lugares públicos a otro hombre para coquetear intensa y disimuladamente con él: es el típico comportamiento que le nace a una mujer cuando está en público con una "amiga", comportamiento tan incontrolable como mirar constantemente a todos lados cuando comes sola en un restorán; las personas encuentran múltiples explicaciones a estas observaciones sistemáticas del entorno pero simplemente obedecen a un acto animal de prevención a que la comida nos sea substraída, y basta para comprobarlo el tratar de no mirar para los lados y concentrarnos en nuestro emparedado o nuestro "filet au poivre mit pommes duchesse" —el restorán es alemán pero también sirven comida francesa—, descubrirás que es virtualmente imposible el no hacerlo.

Estarás sorprendida al recordar más de una oportunidad en que tú hiciste esto mismo —coquetear estando acompañada— o al menos viste a alguna mujer hacerlo: la cadena significante del ritual estaba alterada.

50. —Bonito —me contestarás— pero ¿qué es una cadena significante?

Cierto, había propuesto que significar, dar significado, era reducir algo, digamos un concepto, a sus signos básicos, elementales. Y esto es algo notable. Muchos lingüistas piensan que la palabra "significar" es la única a la que no se le puede dar un "significado".

Significación: Palabra que los hablantes del castellano —e incluso a veces los lingüistas— utilizan lisa y llanamente como sinónimo de "definición". Este uso es necesariamente circular, puesto que la definición de una forma remite a otras formas. En este sentido se habla de 'buscar en el diccionario la significación de una palabra'.

 

Ninguno de los intentos por delimitar este término de una manera precisa ha logrado crear un consenso...

 

Y eso es así porque los lingüistas, como muchos otros científicos, están obligados a trabajar con el lenguaje (reflexivo, proveniente del espejo) como plano racional de referencia, y este lenguaje tiende a no contemplar su raíz atávica, sino que más bien tiende a distanciarse de ella, alojando al ser, con todas las cuestiones filosóficas que él implica —y la ciencia siempre es filosofía—, en el terreno del alma —en el caso de los idealistas— o en el de la conciencia racional —la psiquis— en el caso de los otros. Esto se traduce en que el término "signo" se distancie a su vez del "yo" que lo percibe y de lo que "nomina" —la estructura irreductible, atómica, de una forma— aproximándose hacia el concepto de "símbolo", del que es completamente diferente: un "símbolo fálico" es un ente que sin ser un falo contiene su "signo" (ni siquiera su "forma", en este caso sería un "ícono").

No pretendo en absoluto tomar el lugar de los lingüistas ni de rebatirlos —ya harto trabajo tienen tratando de desenmarañar las lenguas— pero para que tú y yo podamos comprendernos tenemos que utilizar fundamentos que comprendamos ambos, y que por eso mismo no pueden ser rigurosos: en el fondo se trata de que tú comprendas lo que yo "intuyo" (que ganas de usar la palabra "en-tu-yo") y de que yo "in-tu-ya" lo que tú comprendes (in es la forma original de en, tú sabes).

Los estudiosos de este tema utilizan la definición de signo en el mismo sentido de los estoicos griegos que a su vez consideraban, por ejemplo, al humo como un signo del fuego. Pero para nosotros el humo es señal de fuego, no su signo. Para los linguistas el signo es "toda cuestión" que sin ser "otra cuestión" la representa, para nosotros el signo viene a ser algo tan enredado como "la derivada de la estructura de algo".

Es decir que "signo" es el esquema extremo, mínimo de algo, no su forma, y que todos "natural y espontáneamente" reconocemos como tal: todas las personas que no han sido mortalmente deformadas por las restricciones de la cultura, reconocen una serie de signos inequívocamente y de forma simplemente instintiva —lo que no les gusta mucho a los psicólogos conductistas—. Nunca vas a dudar de lo que expresa una sonrisa, un gesto de amenaza, una lágrima y así un sinnúmero de expresiones básicas que en sí ya son cadenas de signos concatenados con un y único efecto —que a su vez es un estímulo que produce naturalmente una reacción única—, el contenido del "significante": su significado.

Pero esta cuestión del signo es algo que sólo es humano, nos es natural pero no existe como tal en el universo. Es como ciertas figuras geométricas, el cuadrado y el triángulo entre otras, que son formas que no existen en la naturaleza pero que el ojo humano reconoce como tales porque su conformación nerviosa tiene afinidad con esas formas.

—Qué complicado —me dirás. Sí, ¿no?

Entonces esta "cadena significante" es una sucesión de signos —que nos son naturales— concatenados en un orden determinado que le da un significado único y preciso y que le permite comportarse a su vez como un signo de orden superior y que tiene significado sólo porque nosotros somos capaces de entenderlo: es un poco como que le preguntaras a los mapuches originales si jugaban a la chueca todos los días o sólo los fines de semana; podrías haberlos torturado mil veces antes de que se les ocurriera que esos días en que precisamente no los torturabas eran esas cosas que tú llamabas weekends.

Piensa en el llanto, por ejemplo. En el acto de llorar confluyen una serie de signos encadenados y ordenados que tienen un único significado final y estos signos que lo conforman son naturalmente comprensibles para cada ser humano —y sólo para los humanos, un perro ante el llanto puede mostrar curiosidad o preocupación, pero nada más— a no ser que se haya aprendido a entenderlo de otra manera (como que un niño pregunte qué le pasa a la mamá y le contesten en vez de "tiene pena" o "está llorando", un "ya está llorando"").

Todos estos actos, estas cadenas significantes, expresivas, si están fuera de contexto se transforman en situaciones muy ambiguas, polivalentes, así como otros signos también lo son.

Habíamos visto que el símbolo del corazón era más bien el signo de la labia minora (los pétalos del crisol), pero si este signo lo invertimos en su sentido vertical nos encontramos en que se transforma en el signo inherente a las nalgas, las que a su vez son fálicas (ver figuras):

 

corazones
signos fálicos

Así hay innumerables signos simples que tienen relación directa con el cuerpo: flecha, exclamación, dobleve, asterisco y miles más.

flecha, estrella, arterísco, abre y cierra exclamación, doblevé, arterísco, doblevé
doblevé, arteríscos,  abre exclamación, flecha hacia abajo, formando signo torso desnudo de mujer
 

La capacidad de transformación topológica de estos signos estructurales te quedará más clara con un ejemplo tan simple como la letra "A", que puede ser escrita de tantas diversas maneras que llegan a ser innumerables.

Por otra parte, verás que cada signo puede estar conformado por sub-signos: la flecha es un sub-signo del falo, de la misma manera que lo es del crisol. Es un signo del pene trante o trable. La modificación de estos sub-signos en su forma o significado es lo que lleva a las confusiones rituales. Como ejemplo, signo femeninoes un signo intelectual que requiere para su comprensión de una interpretación a su vez intelectual o de alguien que lo explique; en cambio signo masculino es un signo —menos elegante, digamos— bastante más próximo a lo que "significa".

—Pero —me dirás—, ¿qué tiene que ver esto con lo demás? Estabas siendo entretenido y

Cierto, pero ten un poco de paciencia.

El asunto de los signos no sólo es importante porque todos nosotros nos dejamos llevar por subsignos o signos modificados —como el rasurarse y mostrar un perfil "femenino"— sino que también porque posiblemente una solución de la delincuencia asesina se encuentre por este camino: quizás deberíamos estudiar una forma de hacer llegar pornografía a los "bajos fondos" o a los prostíbulos o las cárceles en la que la hembra, cambiando el lenguaje, podría decirle al macho "qué grande tu cuchilla, entiérramela en el corazón, mátame, mátame, me estás matando, oh" y modificar en las mentes criminales ciertos subsignos para que esos individuos puedan entender a qué obedecen sus impulsos; por supuesto que ésta es un arma de triple filo. Pero un estudio y una educación adecuada de la prostitución sería la mejor herramienta para la reinserción del delincuente y para terminar con la prostitución delictual… todas soluciones que la sociedad puritana jamás va a adoptar. Prefiere el miedo a ser asesinado porque sí.

Y por último, éste asunto sí es importante para cuando termines de leer esto y salgas a la calle —a tomar un poco de aire y, seguramente, a tratar de olvidar toda esta locura— y mires las personas, siempre desnudas bajo sus vestidos —lo que todos hemos olvidado— y te des cuenta de que no somos seres independientes los unos de los otros; ni siquiera lo somos de nuestro medio ambiente. Y así podrás descubrir que de todas las formas de comunicación el "lenguaje oral es la menos importante": sólo conduce a confusiones y nunca expresa realmente lo que alguien quiere decir, a no ser de que lo haya dicho en forma inconsciente y que haya expresado precisamente aquello que bajo ninguna circunstancia quería… Un buen "mimo" lo que hace es exagerar signos para que el ojo adormecido pueda distinguirlos, pero un ojo despierto podría entender todo lo que otro cuerpo le dice sino estuviera vestido y si la cara no hubiera generado un lenguaje distorcionado frente al espejo.

 

51. Es muy importante que puedas "ver" que mucho de lo que hasta este momento hemos explorado en este texto corresponde a errores en los sistemas de comunicación, tanto no verbales, que son muchos, como la misma y trillada palabra de siempre.

Todo, absolutamente todo —cuando no se está solo— es comunicación; sonreír, moverse, respirar, sentarse, oler, quejarse, suspirar, hasta estornudar, todo, absolutamente todo, es entregar, intercambiar información —que revela todo sobre nosotros, aunque no queramos, y que el vestuario o la gordura pueden disimular en cierto grado pero sólo por un rato, ratito pequeño—, información de la que no tienes conciencia, porque no has puesto tu atención en ella, de la misma manera que hay múltiples aromas que no porque no los huelas has dejado de respirarlos y de tener una reacción fisiológica concreta producida por ellos; los fenoromas sexuales son sólo un ejemplo de la enorme diversidad que sin duda existe.

Cuando digo que la sexualidad es otro "sentido", no hago más que hacer referencia a que es una forma más de percibir e intercambiar información con el medio y así como hay gente que usa incluso de noche sus anteojos ahumados, otra que vive con el aire acondicionado o la calefacción puesta, otra que no sólo se perfuma a sí misma sino que tiene la casa, el auto y la oficina con toda suerte de inciensos o desodorantes ambientales, o la que le echa a la comida tanta pimienta o vinagre que uno no entiende porque no se las toman solas, o los que viven, trotan, van al baño y hacen el amor con los audífonos del "walkman" (personal estéreo le dicen mis hijos) sobre los oídos, la mayoría de las personas tratan por todos los medios de hacer tanto "ruido" en torno a sus necesidades amorosas que el entenderlas es imposible —al igual que comunicarles las propias— resultando básicamente que sólo se oye lo que se quiere oír, mientras se quería oír, para quedar después enfrentadas al desconcierto, la soledad, la tristeza y la desesperación de un tiempo precioso perdido en medio de todo tipo de sufrimientos sordos, y que ni siquiera en una vida posterior a la muerte se va a poder recuperar porque es obvio que, sea para lo que sea, esta vida no es para vivirla perdiendo energías insustituibles no sólo destruyendo las propias potencialidades, sino que aumentando el sufrimiento de los demás.

Estudios muy serios en Estados Unidos sobre una población que no sólo abarca a los que contestan las encuestas —que son, estos últimos, personas que demuestran algún tipo de interés en esos temas— estiman que sólo un cuatro por ciento (!) de las norteamericanas tiene orgasmos contemplados en su vida, obtenidos de muy diversas maneras —es decir, desahogo sexual—, proyección que unidades más o menos, puede aplicarse sin duda aquí también, de la misma manera que mientras tú leías esta página en el mundo miles de mujeres y niños —hombrecitos y mujercitas— no sólo fueron violados sino que además asesinados por placer —el placer de la caza—, al igual que cada diez minutos en Chile, un niño dejado a cargo del ángel de la guarda ha recibido quemaduras graves con secuelas para toda la vida: la mentira, el miedo, la hipocresía y la falsedad no pueden tener un costo tan alto ni involucrar víctimas que no tienen arte ni parte sólo porque alguien dijo que la Fe mueve montañas o los senderos del Señor son misteriosos.

Puede haber quizás una responsabilidad divina en todo este caos —quizás la del Príncipe de esta tierra, cuyo sentido es destruir la obra de Dios— pero cada ser humano tiene más responsabilidad que cualquier entidad divina cuando sólo usa su inteligencia, su capacidad de comprensión y simpatía en acumular para sí los bienes suficientes como para sentirse protegido y dar base a lo que tarde o temprano se transformará en una tragedia: en equipos de sonido usamos definir que un sistema es tan bueno como el peor de sus componentes, lo que también significa que un país es tan rico como el más pobre de sus habitantes y que implica, además, que si todos los esfuerzos de todos en juntar dineros para los muros de nuestras casas, las alarmas de nuestros autos y todo ese sinnúmero de absurdos de seguridad, se hubieran empleado en un solo sentido de humanidad, de solidaridad, el mundo sería otro pero sin esa mano de obra tan barata que nos hace sentir tan poderosos.

Quizás, ¿no?

Por favor, vuelve a mirar al señor de la foto y piensa nuevamente en los comportamientos.

Hemos visto que nuestra cultura se enraiza en la griega y que estos fueron magníficos. Entonces:

—¿Qué pasó con ellos?

—Súper simple, se terminaron.

Llegó un momento en que sus casas, grandes casas, estaban vacías: las mujeres podían practicarse los abortos que quisieran mientras los maridos estuvieran al tanto, pero ni siquiera esto era muy necesario, no tenían, al final, como tener hijos. Las mujeres habían sido sustituidas en la vida de los hombres por los frontera que resultaban mucho más femeninos que ellas, medias tristes y opacas, acostumbradas a vivir entre ellas mismas, llorar a gritos a sus muertos, y que no sentían ninguna atracción por sus hombres, tan femeninos como ellas eran de masculinas. Los griegos en un par de generaciones se suicidaron.

A nosotros nos está pasando más o menos lo mismo: ustedes se ven cada día más masculinas y nos(hombres) más femeninos; sin duda esto es una respuesta natural a como hemos sobrepoblado al mundo, pero esta vez tenemos un componente nuevo —el SIDA— que ha llevado a muchas mujeres del hemisferio norte a darse cuenta de que hacer el amor entre mujeres no conlleva riesgo de contagio, ni impondrá algún día un aborto. El tener hijos es un acto de amor: conocerlos, guiarlos, entenderlos y ver sus vidas desarrollándose en un mundo mejor, más justo. Pero es un acto de amor con aquel con quien se procrearon, donde sangres diferentes e historias diferentes se unen.

Sin embargo, el tener muchos, es ayudar a destruir el mundo que ellos van a vivir, no el nuestro. Tener ninguno es impedir, a su vez, lo que viene. Las personas más cultas —que ya son pocas— tratan de disminuir el número de hijos, mientras los incultos o fanáticos siguen teniéndolos a destajo… y es sólo la vida humana la que está en juego

Si la Iglesia no hubiera gastado ese gigantesco esfuerzo en conservar el pasado sino que en investigar y organizar el futuroIr arriba

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