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Todo lo que vas a leer obedece a una
necesidad que tiene su origen, al fin y al cabo, en el lugar en
que nací.
No, no. En realidad nací en una clínica la "Santa María" de Santiago me refiero al lugar donde estaba cuando me tocó nacer. Era un lugar verdaderamente de ensueño ninguna fantasía podría haberlo imaginado. Un valle entre dos montes suaves por los que asomaba el sol con su sonrisa y que descendía a una hondonada con una gran laguna de aguas tibias que siempre tenía los colores del ocaso en la que todo el tiempo jugaba pensando en nada, sin que nunca se me ocurriera que podría existir algo llamado Futuro. Entonces, es cierto, nada me preocupaba, ni siquiera que esos montes eran volcanes que, aunque corrían bajo la corteza de la tierra con su roja lava ardiente, la hacían crecer para darnos alimentos. El paisaje era bello y doloroso porque era crudamente un paisaje desnudo. Y era como cualquier mujer, bella, joven y fértil: era mi madre. Ese lugar donde yo vivía cuando nací era, maravillosamente, una mujer, un cuerpo mágico de mujer, no su alma: su vientre. De él salí en medio de su dolor no sé si del mío, eso lo olvidé pero su cuerpo fue mi refugio y si después no podía ser el de ella fue el de otra mujer, otro paisaje, otro lugar, pero también cálido y mágico. Así, todos siempre queremos volver algún día a ese lugar recóndito en que vivíamos al nacer, volver y recorrer sus rincones, oler sus perfumes, ver nuevamente todo aquello que sentíamos propio: descubrir nuestra raíces, re-conocer nuestra historia. Las personas constantemente menospreciamos lo que nos es en verdad indispensable: lo hacemos con nuestro alimento, con nuestra tierra, nuestros amigos y nuestros sueños, todo aquello que nos es íntimo; en cambio valorizamos lo ajeno, lo que no nos toca ni nos pertenece. Mi historia comienza en un cuerpo de mujer y ese cuerpo me valoriza junto a la semilla de mi padre. Y a su igual, esa semilla que salió de mí también cayó en un surco de tierra, de naturaleza y de fuerza desnuda una selva de hierbas asombrosamente bellas que era otro cuerpo de mujer. Son muchos los que todavía no entienden que la causa de nuestra existencia, el origen de nuestros hijos, de la humanidad entera junto a su generosidad depende sólo de ese cuerpo, ese valle abierto de pubis misterioso que nos mira esperando el cuidado y la admiración que nunca llega y que llamamos el "sexo débil" sin pensar que seguirá siendo siempre nuestro primer cobijo. Esto que vas a leer intenta ser,
aunque burdo, un reencuentro contigo. Todas ustedes hayan
parido o no son inevitablemente, el origen
madres...
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