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Todo esto permitió a
tus padres y educadores el inculcarte y entiéndase permanentemente sus
propias pulsiones y repulsiones en un espectro mucho más amplio que
el estrictamente físico y más o menos independientemente, al principio,
de lo que querían expresar verbalmente: tú, cuando muy niña, sabías
que nada grave iba a pasar si no obedecías, por grandes que fueran
las amenazas, porque así lo veías en la cara de tu madre
o al
revés, pero espero que no sea el caso;
Sólo cuando se es plenamente un líder se puede intentar entonces un cambio en la moda que el resto tratará de emular en una especie de prueba de falla y acierto. Y es cada diferencia la que determina un líder en cada área y hay tantas áreas como "posibles" actividades humanas. Como sólo puede haber un líder por área, el intento individual de reemplazarlo es una cuestión difícil e incluso en algunas áreas puede ser muy peligroso. Y en el hecho, la mujer compañera la Kim es un líder de la otra. En tu caso, el liderazgo probablemente lo asumió tu madre al impedir, sin proponérselo, el ser reemplazada en tu vida por alguna muchacha y esto gracias, primero, a la ayuda del espejo que te permite desde niña realizar por ti misma lo que originalmente alguien debería realizar por ti, la prestancia fundamental para la aceptación social y, segundo, gracias al pololeo "castrado" todavía ampliamente en boga que te prometió de muchacha un joven "afeminado" en términos sexuales aparentes*. |
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*Que normalmente culminará en un "casamiento" en el que inmediatamente se descubrirá que el muchacho era tal que no era castrado, que debe rasurarse todos los días y que por la noche, cuando quiere hacer el amor, la barba pica, que el perfume era artificial y que los domingos, cuando vuelve de jugar fútbol, huele atroz, pero que permitirá que la joven siga recurriendo a su madre para obtener la asistencia femenina que requiere para reafirmar su "rol".
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Lo que es importante entender es que las niñas como tú lo fuiste son esponjas abiertas a asumir sus roles, los que serán a su vez permanentes, llevándolas incluso a insistir en hacer lo que las afea o ridiculiza.
Es enorme la cantidad de señoras mayores que continúan maquillándose como antaño, o que no quieren aceptar su edad o que definitivamente se maquillan hasta parecer payasos*. Por otro lado hay una enorme cantidad de mujeres jóvenes que se afean con verdadera dedicación, de manera tal de parecer boxeadores, sino hombres al menos, o "espantapájaros". Estas exageraciones no son ya una cuestión sólo de gustos particulares, sino que de un desfase con la realidad en el que el rol asumido es más fuerte que la conciencia objetiva; y esto si es que no nos encontramos con que la masculinización o afeamiento obedece al miedo ya sea de ser diferente (y líder, en consecuencia), o al de ser atractiva y no sólo atraer hombres, o por el contrario, a sentir que la masculinización resultaría más atractiva para las otras mujeres que, supuestamente, son naturalmente atraídas por el género masculino y no por un individuo hombre determinado. Ustedes, normalmente, no se sienten atraídas por "los hombres" sino que por algunos pocos muy precisos, en cambio encuentran un número mucho más amplio de mujeres atractivas, y "atractiva" significa sentirse atraída por. La cuestión es que la adopción de un rol en la muchacha topa de lleno con los aspectos en que la madre, si es querida, es líder. Si ella es cocinera nunca la hija cocinará mejor o no cocinará del todo; lo mismo si cose o es economista y lleva las cuentas de la casa, etc. etc., a no ser que sea la propia madre la que destine a su hija a ser líder en esa misma área para que la proyecte y sustituya. La madre hoy, al constituirse en la Kim de su hija, obtiene a través de la sumisión atávica, el poder de controlarla y construirla, pero por sobre ella está el poder del lenguaje a su vez femenino que le dirá que las mujeres son tontas y si quiere ser una, deberá serlo ella también, o que le dirá que el matrimonio que dará seguridad a su vida, no es el atávico en el que ella será insustituible a una amiga indispensable sino que el de la Iglesia, o le dirá que si no se casa con un hombre rico, que le dé esa seguridad, nunca será feliz, aunque para eso él le pegue día por medio en la real seguridad de que los vecinos, detrás del gran jardín, no oirán los gritos. Y esto es treméndamente importante sobre todo en el terreno sexual.
Así la hija sumisamente vivirá evitando hacer, o tomar conciencia de que lo hace, aquello que la diferencia de su líder, tratando enconadamente, por el contrario, de hacer o destacar aquello que la imita (si no la quiere obviamente hará exactamente lo inverso e intentará, incluso, quitarle el marido, su padre). |
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Al fin y al cabo esta enfermedad se manifiesta cuando uno deja de sentirse atraído por las personas desnudas y comienza a sentirse más atraído por las personas vestidas: alguien así mandó vestir las pinturas de Miguel Angel en el cielo de la Capilla Sixtina. |
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| *Esta crisis de identidad puede alcanzar su punto cúlmine cuando la madre intenta está sustitución con sus hijas mellizas. |
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Por ejemplo, a la primera sombra de la maternidad una mujer podrá exigir de su hombre que se comporte como macho reproductor pero a la vez se abrirá forzándolo a que se comporte de modo más femenino para que satisfaga su necesidad atávica de matrona (amiga), desencadenándose de este modo toda suerte de complicaciones que terminarán destruyendo a la pareja, preparando a la vez las distorsiones que sufrirá el rol que deberá asumir la hija por nacer. 46. Podrás entender que bajo este punto de vista, es de esperar que a mejor sea la relación de amistad entre "marido y mujer", entre más roles compartan, mayores serán las complicaciones que podremos encontrar y más conflictiva será la crisis matrimonial la comezón del séptimo año, que muchas veces no tiene nada que ver con necesidades extra matrimoniales, sino con la desesperación que produce la confusión de roles y la incapacidad de entender las demandas emocionales que está confusión produce. Como la frigidez, por ejemplo. 47. Siempre se ha tendido a pensar en la frigidez femenina como en una disfunción sexual que obedece a una neurosis o a algún otro problema psicológico de origen profundo. Pero por lo común, este tipo de comportamiento nos debería llevar a pensar, además, en otro tipo de causas, sobre todo dado que las mujeres frígidas no parecen manifestar desagrado con su estado si no que más bien con los continuos asedios y reclamos por parte del esposo que se siente despreciado. El doctor Eric Ferne lo describe de la siguiente manera: "El marido hace insinuaciones a su mujer y es rechazado. Después de repetidos intentos, ella le dice que todos los hombres son bestias, que el no la ama en realidad, o no la ama por sí misma; que todo lo que a él le interesa en el matrimonio, es lo sexual. El desiste por un tiempo, después lo intenta otra vez, con el mismo resultado. Finalmente se resigna y ya no hace insinuaciones. Conforme pasan las semanas y los meses, la esposa se va volviendo cada vez más informal y olvidadiza. Camina por el cuarto a medio vestir, o se olvida de la toalla cuando se baña, para que él tenga que llevársela. Si "juega" con más intensidad o bebe más de la cuenta, llega hasta flirtear con otros hombres, en las fiestas. Por fin el responde a estas provocaciones y lo intenta de nuevo. Otra vez es rechazado y un juego de "alboroto" continúa " "Esta vez el marido se hace el propósito de terminar con todo eso, buscando en adelante, un modus vivendi asexual. Pasan los meses. La esposa se vuelve cada vez más provocativamente informal y más provocativamente olvidadiza, no obstante él se resiste todavía. Una noche, ella se acerca a él y lo besa. Al principio él no responde, recordando su resolución, mas pronto la naturaleza reclama sus derechos, después de la larga continencia, y piensa que ahora sí lo ha conseguido. Sus primeros avances no son rechazados. Se vuelve más y más atrevido. En el momento crítico ella lo rechaza y grita: "¡Lo ves, no te lo dije! Todos los hombres son bestias, todo lo que reza es lo sexual". Aunque ésta pueda parecer una descripción burda o
grosera de la frigidez en el matrimonio parece ser bastante exacta y
lo que es peor, común. Pero a pesar de que comportamientos de esta categoría
terminen en relaciones de carácter sadomasoquista, adulterios o separaciones
definitivas en las que la esposa parece ser la responsable del problema,
y la que siempre va a encontrar explicaciones que hagan recaer la responsabilidad
en el marido, vas a encontrar que todos los argumentos manejados por
cualquiera de las partes no van a ser sino intentos de excusa de lo
incomprensible: la esposa no buscaba más que un nuevo "pololeo
castrado", como los de su adolescencia o como alguno que nunca
tuvo. Lo que verdaderamente significa que buscaba una respuesta femenina
a sus necesidades emocionales, no una respuesta fálica. Requería de
su marido que se comportara como una "amiga" y que además
le fuera fiel en el mismo sentido de su "amiga atávica", su
espejo, su ser. Es esta misma esposa frígida la que no va a poder tolerar,
verdaderamente, un adulterio por parte de su esposo, y que la podría
llevar al punto de tirarse los cabellos, llorar interminablemente o
intentar suicidarse: la vida no tiene sentido sin algo que te refleje,
y esa esperanza que te llena cuando estás inicialmente enamorada y que
te permite ser es la esperanza de ser reflejada, de recuperar
tu "forma" original, tu verdadero "nombre". |
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