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Aunque en tu primera infancia sólo obedeciste a señales de aprobación o desaprobación de los adultos todavía animales (expresiones faciales o corporales, sonrisas, tono de la voz más que contenido verbal, etc. etc.) y no al lenguaje oral, lentamente fuiste asimilando ambos dada precisamente la importancia colectiva del lenguaje: una sonrisa aprobatoria por parte de tu mamá, papá o una amiga frente a un determinado vestido o peinado involucra sólo al que sonríe, en cambio un "estás muy bonita" tiene un impacto mucho mayor dado que implica una aprobación social, "estás muy bonita para todos", que está lejos de significar lo que verdaderamente significa "que bella (importante) eres para nosotros", complicación que a la larga te hizo sentir que no sólo eras vitalmente indispensables para ellos sino que también para el clan (mundo) sentando las bases para una gran desilusión, nunca tan bella ni tan insustituible como te hicieron creer e implicando además y esto es muy difícil de comprender, que tu nombre, puesto a tontas y a locas, es tu primer deber y que tú debes cumplirlo frente al mundo. No hay nombre con más significado que el tuyo al fin y al cabo eres tú y secretamente seguirá siendo el tuyo, aunque te lo cambies, así como no hay fecha más importante que la de tu nacimiento: tu cumpleaños. Todo esto permitió a tus padres y educadores el inculcarte y entiéndase permanentemente sus propias pulsiones y repulsiones en un espectro mucho más amplio que el estrictamente físico y más o menos independientemente, al principio, de lo que querían expresar verbalmente: tú, cuando muy niña, sabías que nada grave iba a pasar si no obedecías, por grandes que fueran las amenazas, porque así lo veías en la cara de tu madre o al revés, pero espero que no sea el caso; y si ellos lograron coherencia entre sus lenguajes corporal y oral, habrán podido utilizar posteriormente este último sin causarte rebelión para que los emularas (obedezcas), y quisieras adorar sus dioses, militar en el mismo partido político, y casarte con el yerno elegido, lo que no habría sido problema, porque tú verdaderamente lo habrás querido así; el problema viene con los mensajes adicionales que vienen en el lenguaje. Sin duda alguna vez te dijeron "cuando seas grande te vas a casar con un verdadero Linz, y vas a tener hartos hijos y etc. etc. (porque tú te lo mereces, en el fondo) y vas a ser enormemente feliz lo que está muy bien, pero de pasada te validaron el matrimonio civil, el religioso, te invalidaron el ser madre soltera o sólo soltera cosa desagradable si te tocó serlo y éste era el caso y, por último, le dieron un sentido aceptable al orden social. Pero esto lo veremos más profundamente algún día, supongo. 45. El individuo humano lucha esencialmente por ser similar a los demás y destacarse precisamente por medio de la similitud diferenciarse a través de las semejanzas, y esto es plenamente válido en estado natural. Tu Kim no intentará (normalmente) hacerte un modelo original de trenza, sino que hará su mejor esfuerzo en hacerte más perfectamente el mismo modelo de trenza que está de moda: la diferencia en lo similar, lo mejor en lo mismo, que a su vez determina a los líderes (de la misma manera que muchos señores no cambiarán su corbata por un peto renacentista u otra faramalla, sino que trataran de diferenciarse por medio de la corbata más elegante). Sólo cuando se es plenamente un líder se puede intentar entonces un cambio en la moda que el resto tratará de emular en una especie de prueba de falla y acierto. Y es cada diferencia la que determina un líder en cada área y hay tantas áreas como "posibles" actividades humanas. Como sólo puede haber un líder por área, el intento individual de reemplazarlo es una cuestión difícil e incluso en algunas áreas puede ser muy peligroso. Y en el hecho, la mujer compañera la Kim es un líder de la otra. En tu caso, el liderazgo probablemente lo asumió tu madre al impedir, sin proponérselo, el ser reemplazada en tu vida por alguna muchacha y esto gracias, primero, a la ayuda del espejo que te permite desde niña realizar por ti misma lo que originalmente alguien debería realizar por ti, la prestancia fundamental para la aceptación social y, segundo, gracias al pololeo "castrado" todavía ampliamente en boga que te prometió de muchacha un joven "afeminado" en términos sexuales aparentes*. |
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*Que normalmente culminará en un "casamiento" en el que inmediatamente se descubrirá que el muchacho era tal que no era castrado, que debe rasurarse todos los días y que por la noche, cuando quiere hacer el amor, la barba pica, que el perfume era artificial y que los domingos, cuando vuelve de jugar fútbol, huele atroz, pero que permitirá que la joven siga recurriendo a su madre para obtener la asistencia femenina que requiere para reafirmar su "rol".
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El rol que te inculcó tu madre o, más bien, el que tú le plantearás a tu hija (o la nana, en muchos casos o aspectos) va a estar o estuvo plenamente determinado por la relación de placer y cantidad de placer que tu hija te proporcione y pudiendo llegar a extremos tales como el de masculinizarla si requieres de soslayar la atracción que te produce lo femenino, amuñecarla si la tomas como tal, o proyectarte en ella para que ésta realice tus deseos insatisfechos. Lo que es importante entender es que las niñas como tú lo fuiste son esponjas abiertas a asumir sus roles, los que serán a su vez permanentes, llevándolas incluso a insistir en hacer lo que las afea o ridiculiza. Es enorme la cantidad de señoras mayores que continúan maquillándose como antaño, o que no quieren aceptar su edad o que definitivamente se maquillan hasta parecer payasos*. Por otro lado hay una enorme cantidad de mujeres jóvenes que se afean con verdadera dedicación, de manera tal de parecer boxeadores, sino hombres al menos, o "espantapájaros". Estas exageraciones no son ya una cuestión sólo de gustos particulares, sino que de un desfase con la realidad en el que el rol asumido es más fuerte que la conciencia objetiva; y esto si es que no nos encontramos con que la masculinización o afeamiento obedece al miedo ya sea de ser diferente (y líder, en consecuencia), o al de ser atractiva y no sólo atraer hombres, o por el contrario, a sentir que la masculinización resultaría más atractiva para las otras mujeres que, supuestamente, son naturalmente atraídas por el género masculino y no por un individuo hombre determinado. Ustedes, normalmente, no se sienten atraídas por "los hombres" sino que por algunos pocos muy precisos, en cambio encuentran un número mucho más amplio de mujeres atractivas, y "atractiva" significa sentirse atraída por. La cuestión es que la adopción de un rol en la muchacha topa de lleno con los aspectos en que la madre, si es querida, es líder. Si ella es cocinera nunca la hija cocinará mejor o no cocinará del todo; lo mismo si cose o es economista y lleva las cuentas de la casa, etc. etc., a no ser que sea la propia madre la que destine a su hija a ser líder en esa misma área para que la proyecte y sustituya. La madre hoy, al constituirse en la Kim de su hija, obtiene a través de la sumisión atávica, el poder de controlarla y construirla, pero por sobre ella está el poder del lenguaje a su vez femenino que le dirá que las mujeres son tontas y si quiere ser una, deberá serlo ella también, o que le dirá que el matrimonio que dará seguridad a su vida, no es el atávico en el que ella será insustituible a una amiga indispensable sino que el de la Iglesia, o le dirá que si no se casa con un hombre rico, que le dé esa seguridad, nunca será feliz, aunque para eso él le pegue día por medio en la real seguridad de que los vecinos, detrás del gran jardín, no oirán los gritos. Y esto es treméndamente importante sobre todo en el terreno sexual. Por definición la madre si no es pechoña y ella misma no se cree que a los niños los trae la cigüeña es líder en el hogar de la sexualidad femenina: es ella la que copuló y dio a luz, la que hizo del sexo ese sacramento vital que dio origen precisamente a la hija que la mira e imita en ese terreno, en el que constantemente tratará de evitar lo que la diferencie de su madre y no quitarle así la situación de liderazgo que ella le ha dado en su interior. Así la hija sumisamente vivirá evitando hacer, o tomar conciencia de que lo hace, aquello que la diferencia de su líder, tratando enconadamente, por el contrario, de hacer o destacar aquello que la imita (si no la quiere obviamente hará exactamente lo inverso e intentará, incluso, quitarle el marido, su padre). |
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| Sexo oral o anal, sexo durante el embarazo o durante la menstruación, masturbación, exhibición, voyerismo, voluptuosidad, etc., etc., son ejemplo de múltiples actividades que la hija (o hijo) supondrán normalmente como inconcebibles en la madre normal, si es que en realidad no lo son, a no ser que la madre se preocupe de explicar a su hija que el sexo es menos tabú de lo que se supone. Pero a falta de tal explicación u observación directa lo que puede ser mucho más traumático y bajar definitivamente a madre o padre de su pedestal la hija también insistirá en que ella jamás se ha masturbado ni siquiera sabe lo que es, detesta que la vean desvestida incluso su marido, no soporta ver revistas de desnudos y la pornografía le da náuseas, y suma y sigue. Al fin y al cabo esta enfermedad se manifiesta cuando uno deja de sentirse atraído por las personas desnudas y comienza a sentirse más atraído por las personas vestidas: alguien así mandó vestir las pinturas de Miguel Angel en el cielo de la Capilla Sixtina. |
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| *Esta crisis de identidad puede alcanzar su punto cúlmine cuando la madre intenta está sustitución con sus hijas mellizas. | Todo esto confluye a que ustedes hoy quedan normalmente impedidas de asumir su identidad*. A no ser de que te haya tocado pertenecer a una familia numerosa, por ejemplo, impidiendo con ello el que tu madre se transformara en la sustituta de tu amiga original y permitiendo que esta sustitución se diluyera entre las varias hermanas o nanas, no habrías podido evitar la aparición del primer rasgo del Amor: la sumisión, la devoción que permite que a través del cariño se deslicen las cadenas que esclavizan sin que el esclavo sepa que lo es: el mayor enemigo de la libertad es aquel que se cree libre porque puede obligar a los demás y a sí mismo a no serlo |
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| No mediando una situación de este tipo que la rescate, la muchacha no podrá encontrar su identidad sexual yo soy mujer y quiero ser mujer con cuerpo de mujer y una mujer bella, llevándola a desplazarse constantemente entre roles masculinos, femeninos e intermedios que satisfagan las necesidades que se le vayan presentando en el transcurso de su vida, de la misma manera que requerirá de sus cercanos que inviertan sus roles según estas mismas necesidades. Por ejemplo, a la primera sombra de la maternidad una mujer podrá exigir de su hombre que se comporte como macho reproductor pero a la vez se abrirá forzándolo a que se comporte de modo más femenino para que satisfaga su necesidad atávica de matrona (amiga), desencadenándose de este modo toda suerte de complicaciones que terminarán destruyendo a la pareja, preparando a la vez las distorsiones que sufrirá el rol que deberá asumir la hija por nacer. 46. Podrás entender que bajo este punto de vista, es de esperar que a mejor sea la relación de amistad entre "marido y mujer", entre más roles compartan, mayores serán las complicaciones que podremos encontrar y más conflictiva será la crisis matrimonial la comezón del séptimo año, que muchas veces no tiene nada que ver con necesidades extra matrimoniales, sino con la desesperación que produce la confusión de roles y la incapacidad de entender las demandas emocionales que está confusión produce. Como la frigidez, por ejemplo. 47. Siempre se ha tendido a pensar en la frigidez femenina como en una disfunción sexual que obedece a una neurosis o a algún otro problema psicológico de origen profundo. Pero por lo común, este tipo de comportamiento nos debería llevar a pensar, además, en otro tipo de causas, sobre todo dado que las mujeres frígidas no parecen manifestar desagrado con su estado si no que más bien con los continuos asedios y reclamos por parte del esposo que se siente despreciado. El doctor Eric Ferne lo describe de la siguiente manera: "El marido hace insinuaciones a su mujer y es rechazado. Después de repetidos intentos, ella le dice que todos los hombres son bestias, que el no la ama en realidad, o no la ama por sí misma; que todo lo que a él le interesa en el matrimonio, es lo sexual. El desiste por un tiempo, después lo intenta otra vez, con el mismo resultado. Finalmente se resigna y ya no hace insinuaciones. Conforme pasan las semanas y los meses, la esposa se va volviendo cada vez más informal y olvidadiza. Camina por el cuarto a medio vestir, o se olvida de la toalla cuando se baña, para que él tenga que llevársela. Si "juega" con más intensidad o bebe más de la cuenta, llega hasta flirtear con otros hombres, en las fiestas. Por fin el responde a estas provocaciones y lo intenta de nuevo. Otra vez es rechazado y un juego de "alboroto" continúa " "Esta vez el marido se hace el propósito de terminar con todo eso, buscando en adelante, un modus vivendi asexual. Pasan los meses. La esposa se vuelve cada vez más provocativamente informal y más provocativamente olvidadiza, no obstante él se resiste todavía. Una noche, ella se acerca a él y lo besa. Al principio él no responde, recordando su resolución, mas pronto la naturaleza reclama sus derechos, después de la larga continencia, y piensa que ahora sí lo ha conseguido. Sus primeros avances no son rechazados. Se vuelve más y más atrevido. En el momento crítico ella lo rechaza y grita: "¡Lo ves, no te lo dije! Todos los hombres son bestias, todo lo que reza es lo sexual". Aunque ésta pueda parecer una descripción burda o
grosera de la frigidez en el matrimonio parece ser bastante exacta y
lo que es peor, común. Pero a pesar de que comportamientos de esta categoría
terminen en relaciones de carácter sadomasoquista, adulterios o separaciones
definitivas en las que la esposa parece ser la responsable del problema,
y la que siempre va a encontrar explicaciones que hagan recaer la responsabilidad
en el marido, vas a encontrar que todos los argumentos manejados por
cualquiera de las partes no van a ser sino intentos de excusa de lo
incomprensible: la esposa no buscaba más que un nuevo "pololeo
castrado", como los de su adolescencia o como alguno que nunca
tuvo. Lo que verdaderamente significa que buscaba una respuesta femenina
a sus necesidades emocionales, no una respuesta fálica. Requería de
su marido que se comportara como una "amiga" y que además
le fuera fiel en el mismo sentido de su "amiga atávica", su
espejo, su ser. Es esta misma esposa frígida la que no va a poder tolerar,
verdaderamente, un adulterio por parte de su esposo, y que la podría
llevar al punto de tirarse los cabellos, llorar interminablemente o
intentar suicidarse: la vida no tiene sentido sin algo que te refleje,
y esa esperanza que te llena cuando estás inicialmente enamorada y que
te permite ser es la esperanza de ser reflejada, de recuperar
tu "forma" original, tu verdadero "nombre". |
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