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ANEXO 2: "VIOLENCIA
Y
AGRESIÓN ".

Volver a 5. "La Flor Roja de la Vida"

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Y es precisamente el ritual de la violencia —si lo estudiamos en la calle, en la casa y en los medios de comunicación— el que nos puede hacer entender más claramente la estructura del Ritual del Amor, en su sentido de conquista.

Las agresiones nunca, o casi nunca, son inmediatas. Siguen un proceso creciente de agresiones que terminan con la muerte u otra situación que simbolice el orgasmo. Lo vemos, por ejemplo, en el boxeo: en líneas generales los contendores se agreden primero verbalmente y adquieren aposturas de coquetería, como si se lucieran frente a alguna hembra que quisieran conquistar. Se miran a los ojos y tratan de inspirarse temor, lo que desde mi punto de vista es la inversión sustitutiva del inspirarse admiración. Luego se saludan, tocándose las manos, y comienzan a estudiarse para estimularse mutuamente las partes más sensibles del cuerpo, es decir, las que producen más dolor, hasta que por fin uno puede hacer sangrar al otro o "acariciarlo" con tal firmeza que lo lleva a la inconsciencia, muchas veces espasmódica y, de vez en cuando, letal. El estado de orgasmo colectivo que produce el knock-out en el público es total. Esta es la parte deportiva.

Lo mismo sucede en la lucha de ebrios en el bar, en la que el knock-out se reemplaza por una puñalada o varias, con el placer pleno de la penetración en el cuerpo del otro. Todo comienza con miradas y aposturas de coquetería que pretenden la sumisión, como en cualquier lucha por el liderazgo en cualquier especie del reino animal, pero es sólo en ésta en la que la lucha no se suspende cuando uno de los contendores la demuestra, dando con ello inicio, en cambio, a la búsqueda de satisfacción erótica sustitutiva. Esta es la parte delictiva.

El lenguaje popular define de la misma manera tanto partes del combate como de la relación sexual:

  • Se lo "echó al pecho" —me la "eché al pecho"
  • Que "te la voy a mete'tela" [la cuchilla] —que "se la metí" [el falo] a la perica.
  • Me quiero "tirar" a este huevón —me "tiré" a esta minoca.

Y suma y sigue.

Creo posible pensar que los seres humanos reconocemos, respecto al ritual, signos y cadenas de signos —posturas específicas, respiración agitada, gemidos, espasmos o convulsiones, sangre, sudor, y lágrimas, etc.— que los individuos incultos o deformados, es decir todos en cierto grado, no podemos hacer coincidir con las respuestas que la cadena significante requiere porque ésta ha sido aprendida en otra secuencia.

Winston Churchill fue un genio al usar en su discurso del 13 de mayo de 1940, para arengar a los parlamentarios ingleses en la guerra contra Alemania, la expresión: "No tengo nada que ofrecer excepto sangre, sudor y lágrimas". Consiguió el voto unánime de confianza de los Comunes y la frase se inmortalizó; incluso un grupo de rock británico se llamo "Blood, Sweat and Tears". Muy bueno este grupo [What's goes up must go down, spinning wheels].

Este aprender las cosas "al revés" es lo que motiva que las convulsiones de una persona moribunda —para aquellos que no han conocido los espasmos orgásmicos— sean causa de enorme placer, y sobre todo para el que las causó. De todas maneras, la gente todavía se reúne hoy, con gran excitación, a mirar las ejecuciones donde aún son públicas. El sistema con más adeptos parece ser la horca, en la que las convulsiones son más prolongadas [no son muchos los que saben que la horca no mata —normalmente— por estrangulamiento, si no que la caída al vacío, junto al tirón de la soga debe fracturar el cuello (destungar); teóricamente produce la muerte en forma bastante indolora]. La literatura pornográfica, antigua y moderna, es abundante sobre los placeres obtenidos —y los orgasmos— en estos espectáculos.

Aún hoy en día es muy usual entre los adolescentes masculinos de todas las clases sociales el enseñarse mutuamente que a las mujeres hay que penetrarlas [metérselas] sin más y que el puro hecho de penetrarlas debe ser el sumum del placer para ellas. Este concepto ha llevado a más de una violación a muchachos que impulsados en el momento han actuado así por simple malinformación —convencidos de que si se "las meten" ellas van a estar felices—, causando un profundo daño no sólo a la muchacha sino que a sí mismos.

Un caso muy cercano a mí, un gran amigo de la infancia, que forzó a su muchacha a tener relaciones, ella era virgen y si no aceptaba él la abandonaba —lo que no es más que otra forma de violación— y como ella lloró al eyacular él, él no encontró nada mejor que pegarle y la abofeteó y se mandó cambiar dejándola sola en la playa a medianoche. Un asunto verdaderamente catastrófico para los dos, y por supuesto, nunca volvieron a verse. Fue la primera vez para él también con una muchacha que no trabajara de prostituta. Siempre pensé que probablemente para una niña iba a ser más fácil recuperarse de una violación real que de una agresión de este tipo, aparentemente "inofensiva" y "con su consentimiento", en la que sólo las partes del ritual amoroso se habían dado en una secuencia falsa o invertida.

Se ha discutido mucho sobre el efecto de la pornografía en los delitos sexuales y la falta de consenso al respecto parece deberse a una aparente contradicción. En Dinamarca, después de una década desde la legalización de la pornografía, las ofensas sexuales contra niños [perversión de menores, exhibicionismo, prostitución infantil, etc.] disminuyeron en un 85%(!). En cambio, el número de violaciones —adultas o infantiles— se conservó constante y aparentemente esto es así porque los violadores no demuestran interés en la pornografía "normal".

Nadie duda de que el sadismo es una patología sexual pero, por un lado, son pocas las personas que imaginan la dimensión que esta disfunción puede alcanzar —no sólo es cosa de pegarle a la pareja durante la cópula o antes o después— y les cuesta, por estar demasiado lejos, tomar conciencia de que muchachas son asesinadas durante filmaciones para el placer de unos cuantos espectadores; una de estas películas causó gran escándalo al ser descubierta circulando en forma clandestina en la Argentina, pero es en realidad en los países más pacatos donde se dan más comúnmente este tipo de deformaciones: entre algunos campesinos sureños se habla mucho del enorme placer que produce violar a una gansa [un ganso hembra, no una niña tonta] y estrangularla cuando se va a eyacular

Por otro lado, a todos les cuesta entender que toda violencia agresiva es en sí un acto de sadismo y por lo tanto una deformación sexual y amorosa —por supuesto que un acto defensivo no lo es y ese señor que mató 38 desde la torre de Seattle, según su punto de vista no estaba atacando sino que se estaba defendiendo.

Nos cuesta aceptar este absurdo de la violencia como un asunto de sexualidad deformada, porque involucra demasiadas cosas y nos involucra a todos con nuestras pequeñas violencias cotidianas.

El logro mayor del Amor, que es la sumisión de la pareja, el que se nos entregue [y nosotros a ella, claro], es el destino de todas nuestras violencias: que se nos someta aquel que nos parece atractivo y con el que no podemos relacionarnos por ningún otro medio, todos prohibidos: el incesto y la homosexualidad, entre otros.

En el fondo es el intento de obtener a través de un enlace breve —no importa que sea forzado— las satisfacciones orgánicas de un enlace perdurable: lo que es imposible y topará siempre con la frustración.

Es importante el que entiendas que tanto la frustración como el miedo son la misma entidad fisiológica —así se ha demostrado en laboratorio con ratas y hombres— lo que significa, a grosso modo, que nos sentimos como "potencialmente" atacados tanto cuando hay una amenaza real de serlo, como cuando algo no nos ha dado resultado. La respuesta nuestra ante ese estado físico de miedo/frustración es el de agredir* su causa si la huida [evitación] no es posible o no resulta conveniente: es más fácil espantar a un perro que arrancar de el o el intentar nuevamente coger la manzana si no lo hemos logrado… o pegarle a un niño si no nos obedece.

*Agresión viene del latín en que significaba : dirigirse, acometer, ir, marchar.

Esta respuesta agresiva que en estado natural nos lleva a insistir con más bríos en la consecución de nuestro objetivo, es la que aquí se transforma en violencia —a mayor miedo/frustración mayor agresión— que es la que llevó a mi amigo a pegarle a esta niña, y es la que junto a la necesidad frustrada de ver sangre lleva a derramarla.

 

Une todo esto, súmalo a los ataques exclusivamente verbales, a la calumnia, y, sin olvidar que sexo es [la atracción de] "lo opuesto", aplícale a todo un signo positivo. Así podrás entender no sólo muchas cosas que nos motivan, sino que también porqué a tantos de nos(hombres) les gusta tanto discutir sobre cualquier estupidez y porqué a tantas de ustedes les gusta tanto "pelar", normalmente sin ningún fundamento, aquello que precisamente les parece envidiable.

El Nektar es la bebida de los Dioses, la Venganza es su Manjar, a falta de tortas, buenos son los queques… ¿no?... Escríbeme

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